Hubo un tiempo en el que la dificultad en los videojuegos era, además de demencial, casi un requisito obligatorio. Las limitaciones técnicas impedían que, el jueguico en cuestión, entrara por los ojos a la primera de cambio, de manera que, los sabios señores diseñadores dotaron a estos de una dificultad infernal. Tal factor conseguía que jugáramos a la castaña que fuera llevados por el sentimiento de ira y rencor hacia el cartucho, al ver a nuestro alter ego virtual morir mil y una veces sin que nosotros pudiéramos hacer más que echarle la culpa a cualquiera que pasara por allí.
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Nos veremos en el polo
miércoles, 14 de septiembre de 2011
Hubo un tiempo en el que la dificultad en los videojuegos era, además de demencial, casi un requisito obligatorio. Las limitaciones técnicas impedían que, el jueguico en cuestión, entrara por los ojos a la primera de cambio, de manera que, los sabios señores diseñadores dotaron a estos de una dificultad infernal. Tal factor conseguía que jugáramos a la castaña que fuera llevados por el sentimiento de ira y rencor hacia el cartucho, al ver a nuestro alter ego virtual morir mil y una veces sin que nosotros pudiéramos hacer más que echarle la culpa a cualquiera que pasara por allí.
Publicado por
Ruro
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18:37
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Etiquetas:
Opinión
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